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5 dic 2020

Caza de tesoro: Las legiones de Roma, herramienta de conquista


INTRODUCCIÓN

 

La siguiente caza de tesoro está enfocada en la herramienta de conquista de Roma, sus legiones. A lo largo de la actividad, los alumnos de 1º de ESO tendrán que hacer diferentes búsquedas dentro del blog para responder a las preguntas planteadas, desarrollando así la búsqueda de información y conocer más sobre Roma.

 

PREGUNTAS

 

¿Cómo se llamaban los tres tipos de soldados antes de las reformas de Mario?

¿Qué dos ilustres romanos se enfrentaron en la Batalla de Farsalia?

¿Qué dos armas fundamentales tenían los legionarios romanos?

¿Cómo podían defenderse los legionarios frente al ataque de caballería?

¿Cuál de las siete formaciones romanas era la más adecuada según Vegecio?

¿Cuál es el mayor defecto de la falange macedónica?

¿Por qué las legiones podían hacer frente a hordas mucho más numerosas?

¿Qué pueblo se hizo conocido por el uso de emboscadas y escaramuzas a las legiones?

¿Qué tres medidas usaron las legiones romanas para luchar contra los arqueros partos?

¿De qué pueblo copió Roma sus barcos? ¿Cuáles eran los dos puertos navales más importantes?

¿En qué se diferencia un birreme de un trirreme?

¿Cómo se llamaba el artilugio que usaban los barcos romanos para asaltar a barcos enemigos?

 

RECURSOS


https://historia-belica.blogspot.com/


LA GRAN PREGUNTA


¿Qué destacarías del ejército romano?


EVALUACION


-          El uso de los artículos del blog para dar respuesta a las preguntas.

-          La conformidad de las respuestas a las preguntas.

-          La reflexión del alumno en la gran pregunta

-          La expresión escrita y ortografía.

-          El interés y la participación mostrada en la actividad.


CRÉDITOS

 

Todos los artículos del blog a usar tienen mi autoría.


11 ago 2016

Mare nostrum III: Artilugios romanos para el combate naval

Como hemos comentado en un artículo anterior, las naves romanas tenían el modelo de los navíos cartagineses. Si se daba un combate contra estos últimos, el inconveniente venía de la gran maestría de los cartagineses, pues tenían experiencia naval y un mejor control de las naves. El sistema de combate cartaginés era embestir con los grandes espolones de proa que, al estar cubiertos de bronce y por debajo de la línea de flotación, hundían las naves enemigas. Para ello se requería una gran experiencia, ya que lo más adecuado era embestir desde los flancos a la nave enemiga. Si chocaban frontalmente dos trirremes podía haber consecuencias desastrosas para ambos. También se hacía uso de garfios para aproximarse a una nave enemiga y acercar el combate a los infantes.



Los romanos, que ya predominaban en el combate terrestre por las legiones, incorporaron este método a los combates navales mediante varios aparatos o artefactos.

Uno de ellos era el harpax un proyectil con punta de arpón que era lanzado por una máquina similar a una balista, lo que hacía que pudieran alcanzar a naves enemigas a una mayor distancia que con el garfio. El proyectil estaba cubierto de placas de metal para que no pudiera ser cortado y, en la parte trasera, tenía amarras para aproximarse a la nave enemiga. Era un garfio usado como proyectil. En un principio las amarras eran de cuerda pero posteriormente fueron cambiadas por cadenas.



El invento romano de más relevancia era el corvus, una larga pasarela que podía ser desplazada por medio de cuerdas y poleas. El extremo de la pasarela tenía un gran aguijón de hierro que al caer sobre el barco enemigo lo inmovilizaba. A la vez, la pasarela daba una vía a los infantes para acceder a la nave enemiga, haciendo prescindible el uso del espolón. Esto supuso que en los combates navales la importancia pasara a la infantería, en la que los romanos podían dominar. Esto fue novedoso para los cartagineses. Sus tripulaciones tenían un mayor dominio de las naves, sin embargo no contaban con tropas para el combate cuerpo a cuerpo. Pese al éxito en las Guerras Púnicas, el corvus tenía inconvenientes. El corvus causaba una gran inestabilidad en la nave, ya que la altura desequilibraba el barco en los virajes. Además, hacía las embarcaciones menos maniobrables y era un peligro añadido en caso de tormentas.



Más adelante, los barcos fueron armados con máquinas de guerra (balistas sobre todo) con las que podían dañar mástiles y velamen a la vez que causaban bajas. Cabe destacar que Aníbal hacía uso de vasijas llenas de serpientes venenosas, por lo que no solo causaba daños físicos, sino también bajaba la moral a los romanos. Era frecuente que algunas naves mercantes llevaran alguna pieza de artillería para su propia defensa.

Captura del juego Rome II: Total War. Quinquerreme armado con una balista.

Otro artilugio utilizado era el llamado asser. Consistía en una viga que colgaba del mástil con los extremos cubiertos de metal. Su función era la de un ariete naval, ya que se utilizaba el balanceo para causar bajas a la vez que se dañaba el casco enemigo. También era probable el uso de fuego griego o pyrphoroi, al igual que objetos incandescentes que pudieran prender el casco o el velamen.

9 ago 2016

Mare nostrum I: Origen de la flota romana

Ya terminados los artículos sobre las estrategias que se pusieron en práctica contra los romanos, toca abordar el tema de la flota romana. Este artículo será el primero, aunque es más introductorio. Los dos siguientes trataran los diferentes navíos romanos y las tácticas y máquinas de guerra que utilizaba Roma. Vamos allá.

En la primera mitad del siglo III a. C., Roma neutralizó la importancia naval de la ciudad de Cartago, que hasta ahora se había hecho con el control del Mediterráneo occidental. Hasta entonces Roma había hecho uso de las naves de las naciones aliadas, pero fueron las Guerras Púnicas las que provocaron la creación de una flota naval romana.

El origen de la flota romana surge debido a un quinquerreme (un barco con cinco líneas de remos, hablaré de él en el próximo artículo) cartaginés que cayó en manos romanas[1]. Los romanos, ni cortos ni perezosos, copiaron el modelo de la nave para hacer cien unidades iguales a las cartaginesas y veinte trirremes (tres líneas de remos), lo que provocó que a la hora de hacer la guerra tuvieran naves semejantes. Roma, sin embargo, reformó las embarcaciones con algunos elementos innovadores que veremos en próximos artículos.

Trirreme cartaginés


Las dos bases más importantes eran las bases destacadas en Miseno, en la actual Nápoles, y en Rávena[2], en la desembocadura del Po. No obstante, cada vez habría más puertos y flotas por cada provincia conquistada, ya que se ocupaban de las cercanías para combatir la piratería y asegurar el comercio. La flota instalada en Miseno era denominada Classis Misenensis, mientras que la destacada en Rávena se llamaba Classis Ravennatis. Otro puerto de gran importancia era el puerto de Ostia, el más cercano a Roma. (¡Ostia! a la vista).

Puerto de Ostia

Pompeyo engrandeció la flota en el año 67 a. C., fue responsable de la eliminación de los piratas cilicios que se habían hecho con el control de las aguas y asaltaban las naves mercantes. A partir de entonces el Mediterráneo comenzó a llamarse Mare nostrum, “nuestro mar”, por el dominio romano sobre él.

Cada flota contaba con un gran número de naves de diferente tamaño. Normalmente había una nave insignia, de mayor tamaño, después quinquerremes y trirremes como base, y birremes, naves de menor tamaño pero que tenían mayor agilidad.



[1] P. Connolly, Las legiones romanas.
[2] F. Vegecio Renato, El arte de la guerra romana.

7 ago 2016

¿Qué podían hacer los llamados hispanos frente a los romanos?

Antes de empezar, debo mencionar la cantidad de pueblos que había en la Península Ibérica. Sería tedioso mencionar cada uno de los diversos pueblos que combatieron a Roma (íberos, lusitanos, turdetanos, carpetanos, celtíberos y un largo etcétera). Los pueblos ibéricos, llamados hispanos por los romanos, desempeñaron una defensa de la Península Ibérica basada en la guerra de guerrillas, aunque, anteriormente, los romanos ya habían combatido contra los íberos cuando formaban parte de las tropas de Aníbal.



Las legiones adaptarían varios elementos usados por los hispanos, como el gladius[1], (espada corta romana) que estaba basado en las falcatas íberas. También el uso de las pila era frecuente entre los hispanos, ya que usaban jabalinas con gran destreza. Otra de las unidades más destacables eran los honderos baleares, quienes estaban especializados en su uso por ser la técnica de caza más usada en la zona y eran instruidos desde la juventud para ser unos experimentados honderos. Estas fuerzas supusieron un gran apoyo posteriormente, ya que serían contratados como auxiliares.



A la hora de la defensa de la Península Ibérica, los hispanos destacaban por su astucia, rapidez y movilidad, ya que no entraban en combate abierto contra las legiones, sino que esperaban a los momentos más ventajosos para causar el mayor daño posible. Hacían uso de las emboscadas y se retiraban posteriormente sin sufrir (apenas) bajas. Estas escaramuzas causaban, además de las muertes, daño psicológico y moral, ya que los legionarios se desplazarían con miedo e incluso se veían obligados a construir un mayor número de fortificaciones.



Como he mencionado, vencer a las legiones en campo abierto era una ardua tarea, por lo que la táctica hispana se basaba en la defensa de ciudades y baluartes además de los frecuentes ataques sorpresa. Estas emboscadas las hacían pequeños grupos de personas, hostigando la retaguardia de las legiones o atacando los convoyes de provisiones. Los hispanos fueron los primeros en atacar de forma predominante la logística de los romanos en vez de a sus tropas. Si no puedes con un enemigo fuerte, al menos haz que pase hambre.





[1] P. Connolly, Aníbal, y los enemigos de Roma.

4 ago 2016

Formaciones y líneas de batalla romanas

Cuando batallaban, había muchas variables a la hora de tomar una formación. Había que considerar el número de tropas, número de enemigos, la experiencia de las tropas, la tenencia o no de caballería en ambos bandos, dónde se situaban las tropas más experimentadas y la geografía, ya que podía haber accidentes geográficos de los que se podía obtener alguna ventaja, como montes o ríos, y elementos atmosféricos, como el Sol, el viento o el polvo. El Sol puede quitar visión a la hora del combate si se tiene de cara, el viento puede desviar los proyectiles de las hondas, arcos, jabalinas... y puede desplazar el polvo, que perjudicaría la formación.

Vegecio, en su obra Epitoma rei militaris[1], hace mención de siete posibles formaciones de combate: La primera formación sería una línea recta, que solía ser la formación de combate de los “bárbaros”. La línea recta era paralela a la línea enemiga, aunque tenía inconvenientes, ya que el terreno podía romper la homogeneidad en la línea y por tanto debilitarla. Además, cuando el ejército romano estaba en inferioridad numérica, como solía ser, podía ser flanqueado debido a que la línea enemiga sería mayor amplitud. Esta formación era útil cuando el ejército propio era más numeroso, ya que se podía superar los flancos enemigos al ser la línea más extensa.



La segunda formación sería una línea oblicua, situando en el flanco derecho a las tropas más experimentadas con la intención de quebrar el flanco izquierdo enemigo y llegar a su retaguardia. Mientras tanto, el flanco izquierdo romano estaba fuera del alcance de los proyectiles enemigos y no tiene bajas. La desventaja de esta formación era que si el enemigo maniobraba antes que el ejército romano, podía defender su ala izquierda y atacar con su ala derecha las tropas romanas del ala izquierda. Por tanto, los romanos tenían que reforzar el ala izquierda con tropas de reserva para que en tal caso no fuera superado.



La tercera formación es similar a la segunda, aunque menos poderosa, consistía en atacar en línea oblicua pero con el flanco izquierdo, que por lo general es más débil. Esto haría que se pudiera separar el flanco izquierdo del derecho si el enemigo penetraba en el centro de la formación. Al separar las dos alas se quedaba en una clara situación de desventaja por haber roto la línea.



La cuarta formación de combate se ejecutaba adelantando las alas para atacar los flancos enemigos, lo que podía hacerlos huir al romper su formación, si este ataque era repelido, estarían en una situación de desventaja, ya que tanto las alas tanto el centro estarían separados. Las alas podían quedar debilitadas y el centro podía ser flanqueado fácilmente.



La quinta formación es semejante a la cuarta. Se hacían los mismos movimientos, pero antes de hacerlos se situaban tropas auxiliares en el centro para que hostigaran la formación enemiga. Así, si las alas eran repelidas, el centro de la formación quedaba mejor protegido.




La sexta formación es la considerada por Vegecio como la más adecuada. Se avanzaba en línea oblicua, como en la segunda formación, hasta atacar con el flanco derecho el ala izquierda enemiga. Para esto era recomendable el uso de una buena caballería e infantería rápida. El fin era hacer huir al flanco enemigo, ya que si un flanco de la formación caía, era muy probable que huyeran de forma desorganizada provocado por un efecto en cadena. Mientras tanto, la línea se expandiría en línea recta en forma oblicua, alejada de los proyectiles enemigos. Esta formación hace que ni el ala derecha ni su centro pueda ir en ayuda del flanco atacado, ya que el flanco izquierdo romano avanzaría para flanquear y rodear al ejército enemigo.



La última y séptima formación trataría de buscar las mayores ventajas de la geografía del terreno, haciendo uso de accidentes geográficos o humanos para aprovechar la situación. Un ejemplo sería situarse con un río en uno los flancos, así este ala no se podría flanquear. Esto permitiría que toda la caballería y tropas auxiliares se situaran en el otro flanco para una mayor protección.








[1] Vegecio, Epitoma Rei Militaris, Traducción y notas de  A. R. Menéndez Argüín Signifer Libros (Madrid 2005).